jueves, 9 de diciembre de 2010

La inútil verdad

La primera parte del octavo mandamiento me queda muy clara. Evidentemente uno no debe levantar falsos testimonios, pero lo de “no mentir”, es más complicado. Mentiras piadosas, verdades a medias, omisiones o adiciones, hay infinidad de opciones que se pueden aplicar a la hora de decirnos la cosas y eso definitivamente obedece al hecho de que la verdad pura, cruda y sin disfraz, es peligrosa. Decir la verdad, solamente la verdad y nada más que la verdad, solo cabe en un pequeño porcentaje de las situaciones reales de esta vida. No pretendo convertir estas palabras en una apología a la mentira, pero es que la “relatividad” de la verdad, últimamente me ha hecho dar más de una vuelta en la cama y como dormir largo y profundo, es uno de los placeres que se pierde con los años, es mejor aclarar el tema para no ponerle obstáculos a las goticas de valeriana.
Dicen por ahí que los borrachos y los niños dicen la verdad y aunque eso es cierto, me temo que no sucede de manera consciente. La 'verdad' es que los que están pasados de tragos son ligeros e imprudentes al hablar porque no están en capacidad de medir el alcance de sus palabras y los niños tan solo ejercen la inocente sinceridad del que aún no conoce los convenientes disfraces de la diplomacia, pero si lo que ellos dicen fuera apropiado, los primeros no se sentirían ridículos al dia siguiente y los segundos se evitarían más de un pellizco.
Me aterra lo vulnerable que es hoy en día nuestra privacidad y todos pasaríamos un muy mal rato, si publicaran todo lo que decimos, escribimos y pensamos los unos de los otros. Si uno se encuentra con una conocida en un evento social jamás le diría al saludarla, “querida estás terriblemente mal maquillada”, así nos parezca que un payaso palidece a su lado. Seguramente nunca le diríamos a nuestra pareja lo rápido que se le está cayendo el pelo ni lo mucho que nos molestan esas incipientes pecas que hay en su brillante cuero cabelludo. Si uno de nuestros hijos hace una torta de chocolate para celebrar nuestro cumpleaños, con un fuerte abrazo le diremos que estaba deliciosa. Jamás se nos ocurriría decirle que estaba dura, quemada y algo amarga. En ninguno de los casos anteriores vale la pena la verdad, la agobiada señora no va a encontrar la manera de cambiar su maquillaje a esas alturas del evento, la cura para la calvicie sigue siendo un sueño que aún no se hace realidad y el regalo que nuestros hijos nos dan evidentemente no es la torta sino el tierno intento.
Ante un hecho, uno normalmente se aferra a la primera versión que le cuentan y la convierte en una verdad. Si hay dos matrimonios y uno de ellos tiene una pelea, generalmente se vuelve un tema de géneros en el que nosotras las mujeres nos contamos los hechos y asumimos una verdad. Los hombres, que tienen la falsa fama de no ser chismosos, también se cuentan hasta el último detalle y emiten otra verdad. Empecemos por decir que si la pareja que está en conflicto tuviera la misma percepción de las cosas, no habría dos versiones, no habría dos verdades y no habría una pelea. Acabemos por advertir que si nos empeñamos en participar muy activamente del mal entendido, quizás al final sea una enredada pelea de cuatro porque si dos verdades hacen un lio, cuatro son un desastre.
En conclusión, hay verdades que no se dicen porque podemos hacer daño y herir sentimientos inútilmente. Otras verdades son tan relativas a la percepción que son imposibles de juzgar con acierto. Así que antes de hablar es mejor hacerse la siguiente pregunta. ¿Lo que voy a decir sirve para algo? Si no es así, debemos recordar que el silencio es un sobrio adorno y que las verdades a medias y las mentiras piadosas, son un pecado necesario.


4 comentarios:

  1. Me encantó tu escrito Pau Pau!!! Tienes muchísima razón. Hay verdades inútiles.

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  2. Es muy valida tu reflexión Paula, y la comparto plenamente.
    No todas las verdades tienen que ser dichas.

    Cuando Jesús dijo "La verdad os hará libres", no se refería a decirla, sino a conocerla.

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  3. Con el tiempo aprendí a entender a los "mentirosos"...no quiero herir por la honestidad mal entendida. No acepto la mentira que daña o la verdad que acaba con un sueño.Estamos sintonizadas !!! Un gran beso a una escritora perdida en los computadores....siga asi

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